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A continuación, un capítulo del libro mencionado en la página de entrada:
 

Hasta los Expertos Pueden Equivocarse
"No existe un error tan grande como creerse que siempre estas correcto."

En la edición dominical (10-1-2000) del periódico dominicano El Nacional, el columnista Rafael Ciprián presenta una brillante perspectiva del temor a estar equivocado cuando dice:
 
“La mayoría de las personas se pasan la vida aterrorizados por el temor a cometer un error.  Es como si equivocarse se convierte en el equivalente a cometer un delito grave que puede ser castigado con la pena de muerte.  El concepto de estar equivocado, en nuestra cultura,  es un monstruo que ingiere a su creador.  Estamos tan atemorizados por este “Cíclope” moderno que, con frecuencia,  evitamos hacer cosas que nos atemorizan porque nos obligan a enfrentarla…la posibilidad de estar equivocado.”
Sin embargo, la cruel realidad es que cualquiera puede equivocarse. Aun los grandes pensadores de todos los tiempos han presentado “hipótesis brillantes” que mas tarde han resultado estar equivocadas.

Ejemplos errores científicos ocurridos en los últimos tiempos que involucraron personajes famosos fueron recopilados en un artículo de Judith Newman “Veinte de las Grandes Equivocaciones Científicas en los Últimos Veinte Años” (revista Discover, octubre del año 2000).  Para mi sorpresa, un científico muy popular, Carl Sagan, aparece en esa lista.  La periodista reportó que Sagan predijo que nubes de ceniza  provenientes del petróleo incendiado en Kuwait durante la Guerra del Golfo (1991) afectarían el clima global. Sagan vaticinó que su teoría sobre un invierno-nuclear (lo que ocurriría después de una guerra nuclear) sería corroborada por la combustión petrolífera pero el tiempo parece demostrar que estaba equivocado. (Este tema es cuestionable porque cómo podemos estar seguros de que la quema súbita de millones de galones de petróleo no afectaron el medio ambiente?)  La reportera también revisó el controversial tema de los campos electromagnéticos y señaló que el gobierno del presidente Clinton estimó que se pagaron $25 billones de fondos públicos para determinar que las líneas de alta tensión no provocan efectos mortales a los humanos, como se había especulado. Esa controversia comenzó cuando el periodista Paul Brodeur (ganador de un premio especial conferido por la Asociación Americana de Abogados por sus artículos sobre los peligros del asbesto) publicó una serie de artículos en la revista The New Yorker (1989) en los que discutió la posibilidad de que exista una conexión entre los campos electromagnéticos de las líneas de alta tensión y el cáncer.
El tema todavía sigue vivo y, de vez en cuando, la prensa no especializada trae reportes de otros científicos con un nuevo ángulo sobre los posibles peligros de los campos electromagnéticos. Por ejemplo, desde el 2003  se ha estado hablando mucho de que el uso exagerado de teléfonos celulares puede causar cáncer del cerebro.  Incluso en mi círculo de amigos hay profesionales que no utilizan el horno microondas en sus hogares debido a ese temor. En el 2006 se reactivó la polémica de los celulares y se puso más énfasis en los dispositivos auriculares que permiten usar el teléfono celular sin pegárselo al oído.
Curiosamente, alguien muy conocido, el Presidente Barack Obama nunca siguió esta sugerencia durante su campaña electoral y luego de ese período.   

Si continuamos escudriñando el pasado, otra área donde los abundan errores de apreciación es la industria del espectáculo. Muy comentadas han sido las anécdotas de artistas talentosos que fueron rechazados por individuos que tenían el poder de decisión pero, aparentemente, también una tendencia a emitir juicios apresurados.  Por ejemplo, a Harrison Ford le dijeron que el nunca llegaría a ser un actor principal.  Tan deplorable era su situación, que después de varias películas de bajo presupuesto comenzó a trabajar como carpintero. Un día, mientras hacía remodelaciones en la mansión de George Lucas escuchó que el famoso productor planeaba una película y, ni corto ni perezoso, le pidió la oportunidad de una audición para el papel que le abriría el camino al estrellato (Lucas se estaba preparando para filmar "La Guerra de las Galaxias").
Asimismo, los legendarios Platters pudieron romper la barrera de la discriminación racial y convertirse en famosos porque un locutor novato ignoraba que los discos con una etiqueta rosada contenían canciones interpretados por artistas negros. Cuando se lo informaron ya era tarde para deshacer su “error” porque lo teléfonos de la estación radial timbraban sin parar y la audiencia parecían no cansarse de escuchar "Only You” esa hermosa melodía que todavía disfrutamos y que fue seguida por otras hermosas canciones de ese grupo musical excepcional.
Otro que, según las revistas de farándula, se negó a ser echado de la ciudad de los sueños fue Tom Cruise.  A él también alguien le recomendó salir de Hollywood porque “en este pueblo no hay nada para ti”. Como sabemos, el tiempo descalificó esa predicción pero,  irónicamente, después de su afiliación con un grupo anti-psiquiatría, el ahora "superestrella" se ha convertido en vocero de aquellos que se oponen al uso de medicamentos a un niño enfermo.

Estos autodeclarados científicos consideran abusivo e injustificable proveer tratamiento a menores con trastornos mentales.  Afortunadamente, en este caso,  los auto-proclamados expertos no tienen una formación académica.
Otro ejemplo interesante de estas torpezas podemos encontrarlo en el mundo de la computadora/informática con la extraordinaria historia de América Online, AOL.  A principios de los 90s un joven ejecutivo, Steve Case, andaba “tocando puertas” en su empeño por convencer a los inversionistas de que el acceso a la Internet era el “Negocio del Futuro”.  Muy pocos lo escucharon y muchos predijeron una gran derrota.  Ahora él es millonario y AOL es una corporación reconocida a nivel mundial.
En psiquiatría, no nos quedamos atrás. Nuestros aportes también han contribuido a enriquecer esta lista de desatinos.  Por ejemplo, uno que se menciona con frecuencia hoy día fue el inexplicable error de negar la presencia de las enfermedades mentales en los niños.  Por muchos años las voces más prominentes en esta especialidad médica decían que los niños eran incapaces de deprimirse.  Sus conclusiones estaban basadas en unas teorías complicadas pero que podríamos resumir en este concepto: “los niños no tienen el ego suficientemente desarrollado como para experimentar depresión”.  Ahora algunos pensamos que eso es una idea absurda, sin embargo, aún en 1990 los psiquiatras no se atrevían a enfrentar a los jerarcas de la psiquiatría en referencia a esta creencia.  Ese miedo era razonable en el contexto de una ciencia que estaba férreamente controlada por los psicoanalistas y sus teorías. Como un ejemplo, Edward Dolnick, en su libro Locura en el Sofá (Madness on the Couch) comienza el capítulo uno (titulado “El Evangelio según Freud”) presentando a un Sigmund Freud  que se declara a si mismo como “poseedor de la verdad” y que estaba tan seguro de ello (el día en que hizo la declaración) como lo había estado quince años antes.
Como esta, podría dar múltiples referencias donde grandes pensadores olvidaron lo dicho por Thomas Carlyle, el gran filósofo Escocés, quien parece haberse hecho eco del proverbio chino aquí citado al comienzo de este capítulo:
“El mayor error es imaginarnos que nos podemos errar.”

En mi experiencia, existen muchos psicoanalistas, como Marvin Crimm y Robert Waldinger, ambos de la Universidad de Harvard, los cuales son tan humildes como bien entrenados.  Ellos confirman uno de los refranes favoritos de mi abuela materna: “la fiebre no está en la sábana”.
Este preámbulo cuasi-filosófico está relacionado con la discusión de dos diagnósticos sobre las cuales muchas mentes brillantes se han equivocado y otras aún no han comprendido la verdadera naturaleza de estos trastornos.  No creo necesario mencionar nombres, especialmente cuando muchos de estos prominentes colegas han hecho contribuciones muy importantes a la psiquiatría.  Desafortunadamente ellos no son expertos en los problemas anímicos de la niñez sin que ello desmerezca su experiencia en otras áreas del complejo espectro psiquiátrico.
Otras veces algunos de los más destacados psiquiatras "no pueden ver el bosque porque se distraen con los árboles,” como dicen los norteamericanos. (Can't see the forest for the trees)   Un ejemplo de ello se puede encontrar en un artículo publicado por la revista de la Academia Norteamericana de Psiquiatría de Niños y Adolescentes (2006) en cual se afirma que quetiapine (Seroquel) es efectivo en el tratamiento del Trastorno de Conducta.
Cuando leí este reporte tuve una asociación mental con una expresión muy dominicana: “Pero que pasó aquí, mi hermano?”
El autor principal es una autoridad en psiquiatría infantil y uno de los pocos que reconoce la presencia de los trastornos del espectro bipolar en niños. Con estos antecedentes, es obligado preguntarse cómo es posible que este doctor no considere la posibilidad de que estos pacientes no tienen un “trastorno de conducta” sino un estado de ánimo elevado que los lleva a presentar conducta socialmente inapropiada?
Para ser flexible aceptemos que la medicina no es una ciencia exacta y hasta en una especialidad tan objetiva como la cirugía podemos escuchar a un cirujano decir:
“Voy a tener que abrir el abdomen (o hacer una laparoscopía) para tener una visión directa y averiguar cuál es el problema.”
 

Ese procedimiento es lo que los cirujanos llaman laparoscopía (introducir un aparato de fibra óptica) para mirar en la cavidad abdominal a través de agujero pequeño. Como en la cirugía, el psiquiatra puede reducir sus formulaciones diagnósticas a una o dos posibilidades con exámenes mas detallados, pero tener un 100% de certeza es muy poco común.  Por esto es que puede encontrar un diagnóstico psiquiátrico que, siguiendo la clasificación Norteamericana basada en “ejes,” podría lucir así:

Eje I:
  1. Trastorno del Estado Anímico No Específico
  2. Trastorno por Estrés Post Traumático
  3. Abuso Físico de un Niño
  4. Sospecha de TDAH

Eje II:  No diagnóstico

Eje III: 1-Asma bronquial 2- Acné facial

Eje IV: Problemas con el sistema educativo y el grupo familiar primario.

Eje V: Nivel de Funcionamiento Actual: 45

             
Cabe aclarar, para beneficios de los que nos son profesionales del campo de la salud, que el término “sospecha” sugiere decir que el TDAH es un diagnóstico que ha sido considerado como una posibilidad. Es conveniente, además, explicar que la razón fundamental para no diagnosticar TDAH en un niño que presenta estados de ánimo elevados es simple: los estados maníacos (y los hipomaníacos también) pueden presentarse manifestarse como hiperactividad y falta de atención.  Por esto es que debemos esperar hasta estabilizar el estado de ánimo antes de continuar buscando síntomas residuales del síndrome TDAH. A propósito,  esta es una de las razones por las cuales la famosa doctora Bárbara Geller de la Universidad Washington, en St. Louis, en una de sus publicaciones, afirmó que los trastornos bipolares con frecuencia son confundidos con TDAH. La doctora Geller lo atribuye a la hiperactividad, irritabilidad y falta de atención que son síntomas de ambas condiciones.
De hecho, todos los expertos en los trastornos del espectro bipolar en la niñez, incluyendo a Biederman, Goodwin, Akiskal, Del Bello, Wilens, Wosniak, entre otros, consideran que la acción más importante y urgente es estabilizar el estado de ánimo del niño.
Una vez estable, entonces podemos entonces considerar el diagnóstico de TDAH y, si descubrimos que el niño tiene esta enfermedad y fue tratado con medicinas para el trastorno del espectro bipolar el único “daño” sería que no hubo mejoría en el déficit de atención.  Por el contrario, si a un niño (o adulto) con estado de ánimo elevado le recetamos estimulantes (anfetaminas) no solamente empeoraran los síntomas, sino que la enfermedad se pueden convertir en resistente al tratamiento.
En mi experiencia clínica, algunos de los pacientes que no responden a tratamientos han estado recibiendo anfetaminas hasta fueron diagnosticados correctamente.  Como nota interesante, quiero destacar que desde el 1997 hasta el invierno del 2008, en mi consulta clínica solamente he encontrado cinco niños con impulsividad agresiva que mejoraron con el uso de estimulantes.
Pero la historia estaría incompleta si no adiciono este dato: Tres de estos niños tenían un coeficiente de inteligencia (C. I.) entre 70 y 80 y los otros dos sobre los 80 pero no llegaban a 100, que es lo normal. Este detalle plantea la posibilidad de su agresión podía ser la pobre tolerancia a la frustración que suelen exhibir las personas con un C. I. subnormal.

Sin embargo, la obstinación que algunos profesionales parecen tener al negarse a diagnosticar el espectro bipolar en los niños algunas veces contradice el pensamiento lógico.  Desde esta perspectiva, quizás debemos poner el tema en un contexto histórico-sociológico y así poder apreciar que, aparentemente, la resistencia a los cambios es un rasgo común en los seres humanos.  Estos son algunos ejemplos famosos:  

Cuando Paul Erlich reportó a la comunidad científica Europea que él había desarrollado un método para colorear el organismo que causa la sífilis (esta técnica lo hace visible bajo el microscopio), y explicó su teoría sobre inmunidad biológica, la mayoría de sus colegas se burlaron de él.  Las lumbreras de la ciencia en esa época se negaron a reconocer experimentos bien documentados y con rigor científico, pero como sabemos, años después Erlich fue honrado con el Premio Nóbel por su descubrimiento.  Ahora, como en el 1940, ninguna teoría puede ser verdadera hasta que se corrobore con estudios doble ciegos.  Este es un tipo de investigación en el cual ni el paciente ni el investigador sabe si el tratamiento suministrado en un momento específico es un placebo o la medicina real.  Este comentario no tiene intención de disminuir la importancia y necesidad de los estudios doble ciegos ya que, como veremos mas adelante, errores garrafales pueden ocurrir cuando se usan otros métodos menos rigurosos.
Un ejemplo reciente de cuan riesgosos pueden ser son los estudios “abiertos” (los investigadores y los voluntarios saben que una substancia activa es usada) es el Fiasco de la Secretina.  En el 1996 se anunció con mucho entusiasmo que la hormona intestinal Secretina (una sustancia que promueve las funciones del páncreas, el hígado y el estómago) era efectiva en el tratamiento del Autismo.  Poco tiempo después, otros investigadores demostraron la falsedad de ese anuncio pero unos meses después otro grupo de investigadores, utilizando una dosis más alta de la hormona, encontraron una alegada evidencia de su efectividad. Esto último hizo que la FDA considerara la posibilidad de aprobar lo que se hubiese convertido en el primer tratamiento medicamentoso para el autismo, pero nada sucedió.  Finalmente en el 2004, el doctor Fred  R. Volkmar profesor de psiquiatría en la Universidad de Yale declaró a los medios de comunicación lo siguiente:
“Ahora tenemos múltiples trabajos de investigación los cuales demuestran que la secretina no es mejor que un placebo en el tratamiento de Autismo”.

Otros ejemplos de alegados efectos terapéuticos negados por los estudios controlados con placebos fueron aquellos que atribuyeron a la yohimbina (extracto de una planta que aumenta el flujo de sangre en el pene y otras áreas del cuerpo) y la ciproheptadina (una medicina anti-alérgica) efectos curativos para la disfunción sexual inducida por los antidepresivos. Estudios posteriores demostraron que los ‘resultados positivos” eran en realidad similares a los obtenidos con un placebo, que es una píldora desprovista de poder curativo o medicamentoso.
Sin embargo, el análisis de cientos de artículos científicos en los últimos años me ha llevado a concluir que si una nueva teoría psiquiátrica proviene de uno de los famosos que trazan las pautas en esta rama de la medicina, psiquiatras y el público en general, tienden a aceptar sus conclusiones, sin ninguna crítica, como si fuese un dogma.  Esto me parece una injusticia porque se aplican criterios rígidos para evaluar las ideas provenientes de los “no tan famosos” y otros más flexibles para los profesionales reconocidos y afamados en el mundo de la psiquiatría.
La costumbre de sólo prestar atención a las famosos se hizo evidente cuando la comunidad científica (a finales de lo 80) se burló de “un joven médico australiano” que se atrevió a decir que las úlceras gástricas eran causadas por una bacteria.  Ese profesional, el doctor Barry Marshall, luego honrado con el Premio Nóbel en Medicina (2005), tuvo que llegar al extremo de ingerir la bacteria (Helicobacter Piloris) y desarrollar una úlcera del  estómago para convencer a sus colegas de una verdad que ahora es aceptada mundialmente.  (Su foto al final del capítulo).
Más recientemente, la comunidad médica fue testigo de cómo el doctor John Mendelson (Universidad de Texas y el famoso centro de cancerología MD Anderson) tuvo que esperar 20 años para convencer a los que deciden “lo que es verdad y lo que no tiene méritos" de que él había descubierto un prometedor tratamiento para varios tipos de cánceres.  Desde el instante en que no existían dudas sobre la validez de sus hallazgos, las grandes compañías farmacéuticas se apresuraron en invertir millones en su idea.  Como podemos ver, el Siglo 20 corroboró el comentario del filósofo Arthur Schopenhauer (1788-1860) sobre la aceptación de nuevos conocimientos:
“Toda verdad pasa por tres etapas.  Primero, es ridiculizada.  Segundo, es opuesta violentamente.  Tercero, es aceptada como algo que siempre existió.”
Estas sabias palabras parecen ratificar lo dicho por el famoso filósofo inglés Thomas Hobbes con más de un siglo de anticipación:
"La mayoría de las grandes verdades nunca se habrían conocido si hubiese que esperar el voto favorable de la mayoría."*

 
En los casos mencionados mas arriba, provenientes de “doctores de medicina somática”, quizás podamos comprender su renuencia a aceptar nuevas ideas, pero la pertinaz dicotomía que caracteriza el campo de la salud mental es difícil de comprender.  Se puede conceptualizar así:

Nosotros, los psiquiatras, psicólogos y terapeutas aconsejamos a nuestros pacientes a que abran sus pensamientos a múltiples posibilidades para facilitar los cambios en sus comportamientos y modos de pensar.  Sin embargo, cuando se trata de nuestra propia apertura, con frecuencia nos sentimos incómodos con nuevas interpretaciones o retos a las teorías y prácticas establecidas.

               
La historia registra nuestra cautelosa resistencia a nuevas ideas que tratan de cambiar las prácticas establecidas. Con frecuencia vemos como transcurre un tiempo prolongado entre un descubrimiento y su aceptación por quienes “tienen la sartén por el mango.” En ocasiones el VISTO BUENO puede ser tan lento, que generaciones completas se ven privadas de los beneficios que esos nuevos descubrimientos le hubiesen proporcionado.  

Como dije anteriormente, esa es una tendencia propia de los humanos.  Tratamos de analizar los hechos basados en nuestro nivel de conocimiento y experiencias personales al momento de entender lo que parece ser inexplicable. También resistimos la llegada de una nueva explicación que contradice las creencias establecidas.  Por ejemplo, cuando los aborígenes Tainos vieron los primeros españoles cubiertos con sus armaduras pensaron que los recién llegados eran dioses y como tales los respetaron. Esta creencia continuó hasta que los “nuevos todopoderosos” comenzaron a matarse entre ellos, cegados por la avaricia y la desesperación por robarle oro a los nativos.  En el campo psiquiátrico, un buen ejemplo es la evolución en el tratamiento para una enfermedad llamada Disfonía Espasmódica.  Durante muchos años los psiquiatras utilizaron prolongados tratamientos con psicoanálisis, en un intento de curarla.  A partir de los 90s los neurólogos inyectan toxina botulínica (el famoso Botox) en la laringe y la voz vuelve a la normalidad en unos segundos.  Esa toxina es la misma que ocasiona una seria intoxicación por alimento (botulismo), cuando es producida de manera natural por una bacteria.  

Para ser justo, cabe destacar que “hacerse de la vista gorda” cuando se trata de asimilar nuevos conceptos que chocan con nuestras creencias, es un rasgo humano y no un pecado exclusivo de los médicos.  En otras ocasiones, lo que debería ser un debate científico, se convierte en guerra verbal y duelo de egos. Esta clase de respuesta me recuerda las demostraciones de violencia verbal y hasta física que exhiben algunas personas cuando conducen automóviles en nuestras carreteras. En USA se le conoce como "Road rage" y cada año genera docenas de muertos y otros tantos encarcelados.
Una solución inicial podría ser que la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) revisara su postura con relación al TDAH y los trastornos del espectro bipolar en los niños, pero hasta ahora (2008) no se vislumbra ninguna acción que pudiese generar un cambio esencial en la percepción oficial de este tema. Esta transformación es un pre-requisito para que los programas de educación psiquiátrica puedan actualizar los conceptos que les enseñan a los futuros psiquiatras.

Tristemente, mi visión es pesimista porque 8 años han transcurrido desde que una de las publicaciones de la APA, “Psychiatric News” (noviembre 2000) trajo un titular esperanzador: “APA establece una agenda de investigación para la nueva edición del DSM”.  
Mi optimismo tuvo una vida fugaz porque pronto observé que el artículo sólo dedicó unas líneas para discutir "el vínculo entre el proceso evolutivo del niño y las enfermedades de salud mental." Peor aún, el efecto de la herencia genética fue ignorado por los autores de la publicación. Estos detalles levantan la sospecha de que la APA no va a modificar su percepción de lo que considero la “Trilogía Diabólica”: TDAH, Trastorno Oposicional-Desafiante y el Trastorno de Conducta. En el 2001 acuñé esta etiqueta de "trilogía diabólica" basado en resultados catastróficos que he observado cuando estos diagnósticos fatulos (ODD y DC) son atribuidas a un mismo niño al que ya han erróneamente encasillado como TDAH.

En cuanto al titular mencionado en el párrafo anterior era el anuncio oficial de los primeros pasos para el nacimiento del DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, 5ta Edición) cuya publicación está pautada para el 2011.  Muchos profesionales de la salud mental esperan que esta nueva edición mejore, entre otras cosas, la precisión diagnóstica para los trastornos de personalidad y que brinde una base clínica para el diagnóstico de trastornos mentales en niños pero, lamentablemente, esa última posibilidad me parece muy lejana.  Mi percepción está apoyada por otro titular publicado en esa misma edición del periódico de la APA mencionado más arriba el cual destacaba:
“El Congreso Recibe Reporte Parcializado sobre Tratamiento del TDAH, dice la APA”.
El artículo reportó que durante una audiencia pública del Congreso norteamericano, la mayoría de los deponentes (sobre el uso de medicamentos psiquiátricos en niños) presentaron una visión distorsionada del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y su tratamiento.  El reporte también describe la defensa del estado actual de diagnóstico y tratamiento para niños con TDAH que la APA esbozó ante los legisladores.  En otras palabras, los líderes de la jerarquía psiquiátrica norteamericana endosan lo que ha sido la "Historia Oficial":
El TDAH ocurre en niños norteamericanos con una frecuencia que excede el 5% de la población en edad escolar.
Este dato estadístico es una mentira monumental y una de mis mayores discrepancias con la APA y la Academia de Psiquiatría Infantil.  Vale decir que, aunque muy lejos de endosar a los autoproclamados científicos que sostienen que la TDAH es una falacia inventada para vender medicinas, sería irresponsable solidarizarme con ese 5%, el cual algunos estiran hasta 8%. * Digo irresponsable porque durante más de diez años lo he buscado en miles de pacientes y la prevalencia se ha mantenido constante en UNO POR CIENTO.   

Por cierto, los que niegan la existencia del TDAH dicen que no hay estudios de investigación para sostener la validez de su diagnóstico, lo cual es también otra mentira. Sin embargo, la terquedad que caracteriza ambos bandos del debate obstaculiza la posibilidad de encontrar un punto medio de entendimiento.  Por ejemplo, en un extremo, muchos profesionales etiquetan como TDAH a todo niño hiperactivo, mientras que, al otro lado, el movimiento anti-psiquiátrico proclama que el TDAH es un diagnóstico fraudulento.

Por lo que he visto y oído, nadie ha presentado evidencia científica que niegue la validez del TDAH como un diagnóstico bien establecido.  Por otro lado, en múltiples ocasiones he observado resultados impresionantes en pacientes tratados con estimulantes (Ritalina, Adderall y Dexedrina, Concerta, Methylin-ER y Metadate-CD) y con medicamentos no estimulantes (Strattera).  Como dicen que para muestra basta un botón, la siguiente es la descripción que un paciente dio a su re-encuentro con "la sensación de tener coordinación mental":
“Es como si alguien hubiese encendido la luz en un cuarto obscuro…Ahora puedo pensar con claridad.”

Pero también creo que es ingenuo pensar que una enfermedad mental pueda tener una prevalencia que fluctúe entre 5 a 10% de los niños en edad escolar. Por el mismo "Camino del Calvario" deambulan las dogmáticas estadísticas sobre la supuesta co-existencia del TADH con otros diagnósticos. Esta falacia, convertida en realidad por la magia de la repetición aparece en todos los libros y artículos científicos publicados en revistas psiquiátricas y pediátricas.  Los "que reparten el pan en la psiquiatría" han validado las teorías de Maquiavelo sobre la mentira, las cuales fueron articuladas por un siniestro personaje, cercano colaborador del tirano Adolfo Hitler, (Joseph Goebbels) quien escribió esta frase:
"Una mentira repetida mil veces se convierta en una verdad"

Las estadísticas sobre la presencia de otras enfermedades (como bipolaridad, ODD, TC, depresión, ansiedades, autismo, etc.) se hacen más cuestionables cuando escucho reportes de padres, por todo el país, que se quejan de que algunos maestros y directores de escuelas los han obligado a dar a sus hijos Ritalina, Concerta o Adderall.  Por otro lado, encuentro muy cuesta arriba creer que soy el único psiquiatra, en una nación con más de 380 millones de habitantes, que recibe cartas de padres testificando sobre la realidad de “la locura del TDAH.”  Para reforzar esta idea cuento con el hecho irrefutable de, en los pasados 12 años he evaluado miles de niños con problemas emocionales y más de la mitad de ellos llegaron con un diagnóstico equivocado. Peor aún: SOLO EL UNO POR CIENTO de ellos tenía TDAH.

Como dicen los abogados, para que conste en el expediente, las autoridades educativas de Arizona, Florida, Tennessee y varios otros estados no pueden alegar ignorancia de la responsabilidad que les corresponde en este "desorden tan bien organizado." Los Superintendentes de Educación y varios legisladores de esos estados saben que personal escolar "diagnostican" trastornos mentales en los estudiantes y que presionan a los padres para que mediquen a sus hijos. Sin embargo esta práctica ilegal y peligrosa continúa como si no pasara nada.

Es importante aclarar, para beneficio de los que no están familiarizados con la demografía norteamericana, que haber tenido la fortuna de trabajar en Arizona y Florida, estados que son oasis para se cansan de vivir con la penurias de las nevadas, puedo asegurarles que este es un problema nacional que afecta las escuelas de cualquier localidad del territorio estadounidense. En otras palabras, un médico en Arizona o Florida tiene la oportunidad de evaluar pacientes que han crecido en otros estados de la nación norteamericana. Esta podría ser la explicación de porqué los legisladores no dan crédito a las afirmaciones de la APA con relación al TDAH. Ellos, que reciben tantas quejas de sus electores sobre esta situación, saben que los representantes de la asociación psiquiátrica están repitiendo un guión arcaico y sin fundamento en la realidad. Como dije antes, una mentira que de tanto repetirla, hasta ellos mismos se lo han creído.

Lamentablemente, con esta postura la APA pierde la oportunidad de "sintonizarse" con el sentir de una parte significativa de la población a la que servimos.
Este apego al exceso diagnóstico de TDAH me recuerda la temática de un importante discurso que pronunció el Presidente Dominicano, Joaquín Balaguer en mayo de 1978.  El pronunciamiento ocurrió luego de que grupos militares fracasaron en su intento por robarse las elecciones presidenciales y sirvió para anunciar una decisión que fue producto de la firme presión internacional, encabezada por los presidentes Jimmy Carter y Carlos Andrés Pérez. Balaguer tuvo que admitir su derrota en las urnas y tranquilizar a los militares que hasta aquel momento, y por tres días, habían mantenido el país paralizado, después de la interrupción abrupta del conteo de los votos. Aquella madrugada del 17 de mayo de 1978 un grupo de soldados entró al salón donde los locutores anunciaban los resultados parciales (que proyectaban un resultado negativo para Balaguer) y proclamaron:
"Esto es una farsa, un engaño, y se suspende el conteo."
Después de una reunión con el embajador norteamericano en República Dominica, el Presidente Balaguer apareció en la televisión nacional y dijo a sus seguidores:
“Ahora, como el Profeta Jeremías frente al Muro de las Lamentaciones, lloran como mujeres por la pérdida del poder que no supieron defender como hombres.”

Esta asociación de ideas surge de la esperanza de que un día veré a la APA lamentándose por no haber prestado atención a “aquellos psiquiatras estridentes que por tantos años han estado vociferando que viene el lobo”.
Como diría Joan Manuel Serrat "sería fantástico que llegara el día del sentido común." Quizás sí, quizás no, pero de lo que si estoy seguro es que millones de niños tendrían mejor futuro y este milagro ocurriese.
Finalmente, en un intento por conseguir el respaldo de algunos psiquiatras y psicólogos prominentes, envié la siguiente carta a 50 de ellos:

 
6 de septiembre del 2002
 
Doctores:
Irene Abramovich, M.D.                  Charles Nemeroff, M.D.
Hagop Akiskal, M.D.                       David Osser, M.D.
Ross Baldessarini, M.D.                  Dimitri and Janice Papolos, M.D.
Joseph Biederman, M.D.                 Ronald Pies, M.D.
Charles Borden, M.D.                     Robert Post, M.D.
Joseph Calíbrese, M.D.                   Andrés Pumariega, M.D.
G.B. Cassano, M.D.                         Judith Rapoport, M.D.
Pedro Delgado, M.D.                      Kay Redfield-Jamison, Ph.D.
Joseph Deltito, M.D.                       Jerrold Rosenbaum, M.D
Cesar Soutullo, M.D.                      Gary Sachs, M.D.
Jay D. Fawler, M.D.                        Alan Schatzberg, M.D.
Robert Findling, M.D.                     Steven M. Stahl, M.D.
Barbara Geller, M.D.                       Trisha Suppes, M.D.
Alan Gelenberg, M.D.                      Allan Swuann, M.D.
Nassir Ghaemi, M.D.                       Michael Thase, M.D.
Frederick K. Goodwin, M.D.             Josep Toro, MD
Mauricio Tohen, M.D.                      Eduard Vieta, M.D.
James Randolph Hillard, M.D.          Karen Wagner, M.D.
Robert Hirschfeld, M.D.                  Elizabeth Weller, M.D.
Charles Huffine, M.D.                       Melissa del Bello, M.D.
Philip G. Janicak, M.D.                    J. Craig Nelson, M.D.
James W. Jefferson, M.D.               Myrna Weissman, Ph.D.
Paul Keck, M.D.                             Peter Whybrow, M.D.
Robert Kowatch, M.D.                    Janet Wosniak, M.D.
Susan McElroy, M.D.                      Stuart Yudofsky, M.D.
                                   
Distinguidos profesores:
 
Esta carta ha sido concebida como "un despertar de trompeta al amanecer" tocado por quien mantiene una visión muy particular en relación con el tratamiento de las enfermedades mentales en niños.  Apelo a ustedes, como vocero de miles de niños y adolescentes que sufren innecesariamente por culpa de la forma en que clasificamos las enfermedades mentales en la población pediátrica.
Creo que cada uno de ustedes tiene una influencia significativa en el campo psiquiátrico, especialmente en el área de trastornos anímicos.  Consecuentemente, si vuestras prestigiosas voces se aúnan para solicitar un cambio en el próximo DSM-V,  es muy posible que sean escuchados  ahora que la Asociación Americana de Psiquiatría ha anunciado "la Agenda para el DSM-V." Quizás este es el momento preciso para presentar la preocupación por la confusión diagnóstica asociada con las enfermedades del espectro bipolar.
Como es de su conocimiento, una parte de la comunidad psiquiátrica ha entendido, en parte gracias  a los trabajos científicas que ustedes han publicado y sus charlas, que un alto porcentaje de pacientes bipolares adultos fueron erróneamente diagnosticados como TDAH o depresión y que les tomó un promedio de 10 años  para recibir el diagnóstico correcto.  Por otro lado, algunos de ustedes están al tanto de los resultados producidos por mi podría investigación en el área de los vínculos diagnósticos atribuidos al TDAH con Trastorno de Conducta y Trastorno Desafiante-Oposicional.
Los datos aludidos han comenzaron a generarse durante mi estadía con el Departamento de Correccionales Juveniles del estado de Arizona y han sido replicados con centros residenciales y hospitales psiquiátricos durante los ochos transcurridos desde la primera investigación.
Lo mismo en Arizona, en Tennessee como en Florida, el resultado estadístico es el mismo: Cuando un niño es etiquetado como "TDAH con TDO o TC, la realidad es siempre la misma, no tiene ninguno de los 3 y debemos buscar cuál es el verdadero diagnóstico. También les pido que revisen las publicaciones de los doctores Andrés Pumariega y Charles Huffine quienes han mantenido una posición vertical en cuanto a la irracionalidad de los diagnósticos TDO y TC.
La presente situación con TDAH y el trastorno del espectro bipolar no es diferente de la que ocurrió en Neurología con los datos recopilados durante la etapa “Pre-CT-scan” en cuanto al uso de heparina para tratar embolias cerebrales.  Como dijo el famoso neurólogo de la universidad de Harvard, Dr. Martin Samuels:
“con razón en muchos casos no funcionaba… estábamos anti-coagulando casos de hemorragias”.
El anuncio del doctor (www.aagpgpa.org/) Michael First sobre la nueva agenda de investigación para el DSM-V, reproducido por la revista “Journal of Clinical Psychiatry” (agosto 2002, página 5) dice:
“Pero el DSM-IV, publicado en el 1994, estuvo basado en revisiones bibliográficas las cuales, aunque muy extensas, ofrecían un mínimo conocimiento sobre la verdadera etiología detrás de los orígenes de los trastornos mentales."  

Si conectamos lo dicho por el Dr. First con la idea presentada en el párrafo anterior, resulta obvio que aquellos niños con “TDAH difícil” y que no respondían a tratamiento fueron los mismos que mas tarde se “convirtieron” en bipolares. La triste realidad es que ellos nunca tuvieron TDAH y se pasaron a engrosar las estadísticas relacionadas con esos pacientes bipolares que tendrían que esperar 10 años para ser diagnosticados correctamente.

Basado en los datos anteriores, muchos profesionales de la salud mental concluyen que TDO y TC son realmente síntomas de una enfermedad anímica mal diagnosticada (u otra condición) que se empeoró con las anfetaminas recetadas para un supuesto TDAH.  Es una pena admitirlo pero tengo una colección de historias de pacientes que sufren de enfermedades como el Trastorno de Ansiedad Social, Trastorno de Ansiedad Generalizada, Trastorno Psicótico no específico y hasta Abuso Sexual durante la Niñez y que fueron etiquetados como “TDAH con TDO”, porque les provocaba miedo ir a la escuela o porque lucían como si estuviesen “soñando despiertos” durante las clases.  Peor aún, si analizamos este concepto con objetividad científica debemos concluir que llamar “Oposicional-Desafiante” a un niño que no sigue instrucciones como resultado de un estado de ansiedad o hipomaníaco, significa atribuirle intenciones malévolas a un comportamiento que no es premeditado.

Mi esperanza es que algunos de ustedes contacten al grupo que actualmente trabaja en el desarrollo del DSM-V para explicarles la magnitud del beneficio que significaría para los pacientes pediátricos la eliminación del TDO y el TC como diagnósticos oficiales del DSM-V. Esta corrección reconocería la presencia de los trastornos del espectro bipolar en los niños y por ende deprivaría a los seguros de salud de una excusa para negarse a pagar por hospitalizaciones requeridas con la mayor urgencia. Es común que representantes de las fábricas de producir dinero conocidas como HMO (Health Maintenance Organization) aleguen que un niño no requiere estar en el hospital porque su comportamiento desafiante “es intencional.” Para completar la tarea también debemos adaptar los criterios diagnósticos para los trastornos anímicos, basándonos en el conocimiento actualizado del concepto del espectro del trastorno bipolar pediátrico. De esta manera podríamos incluir pacientes con síntomas leves pero los deprivan de un funcionamiento cabal y los que presentan ciclos “ultra rápidos de cambios del estado de ánimo.”

Puedo asegurarles que estoy convencido de que si no actuamos ahora, en unos cuantos años estaremos lamentando el haber perdido la oportunidad de ofrecerle a los pacientes psiquiátricos juveniles la precisión diagnóstica adecuada que todo ser humano merece…por lo menos para estar a la par con nuestras mascotas, las cuales reciben un servicio veterinario que los pacientes psiquiátricos añoran algún día tener.  
Por todo lo dicho hasta aquí me atrevo a preguntarle: ¿Sería usted capaz de utilizar el rol de liderazgo que vuestras investigaciones y reconocimiento público le han concedido y contactar el grupo de trabajo del DSM-V?  Una cantidad significativa de niños se beneficiarían de este esfuerzo por crear nuevas categorías diagnósticas que resultaría en tratamientos correctos y apropiados.
Por favor, acepten mi agradecimiento anticipado por su atención a esta carta,
Respetuosamente,  
Manuel Mota-Castillo, MD
Adhdorbipolar@yahoo.com

 
En las semanas subsiguientes casi una tercera parte de ellos contestaron con expresiones de apoyo y con el esperado profesionalismo. Obviamente una mayoría ignoró la comunicación o estuvo en desacuerdo con ella. Ahora sólo nos queda esperar que la APA y la Academia Norteamericana de Psiquiatría Pediátrica despierten abran los ojos a una realidad que les está tocando las puertas y que un día les golpeará en la cara. Mientras tanto, para reflejar mi pesimismo, reproduzco una de las “Lamentaciones” para que, como decimos en Dominicana, "al que le sirva el traje que se lo ponga."*

“Oyeron que gemía, mas no hay consuelo para mí. Todos mis enemigos han oído mi mal; se alegran de lo que tú hiciste… Harás venir el día que has anunciado, y sufrirán como yo."
 

Sin embargo, y a pesar de mi justificada frustración, seguí buscando una nota positiva en las revistas psiquiátricas, pero noviembre del año 2000 me trajo un nuevo desencanto al ojear un libro sobre diagnóstico y tratamiento de enfermedades psiquiátricas escrito por dos académicos de fama internacional. Ya podrán imaginarse cuan decepcionante fue leer que “el trastorno bipolar se manifiesta después de los 15 años de edad,” según los autores.  Como no podía creer lo que estaba leyendo, escudriñé el libro tratando de encontrar alguna alusión a los descubrimientos de investigadores prestigiosos que han reportado casos de trastorno bipolar en niños, pero no había mención alguna. Me gustaría darles el beneficio de la duda y pensar que escribieron el libro varios años antes de su publicación y no lo actualizaron, pero ochos años después una frustración mayor llegó de Europa. La prestigiosa revista psiquiátrica "Psychiatric Times" (nov., Vol. 25, No. 13) trajo la noticia de que el 21vo Congreso Europeo de Neuro-psicofarmacología había arribado a la misma conclusión que tanta perturbación me causó en el año 2000.         

Desatinos de proporciones gigantescas como este absurdo desenlace de las discusiones sostenidas por los expertos reunidos en Barcelona, es precisamente lo que fortalece mi posición de que el cambio tiene que venir desde arriba. Esto es así porque los escritores académicos y los investigadores tienen que seguir los parámetros establecidos si esperan que sus trabajos sean publicados por las revistas científicas…como sus estudios se fundamentan en falsedades los resultados serán ilusorios pero aceptables para los jerarcas  de la psiquiatrías porque reflejarán lo que el “status quo” quieren escuchar. Los editores, por su lado, tienen la obligación ética de reflejar la opinión oficial en sus publicaciones y este círculo vicioso invisible sólo ser romperá cuando la APA comprenda que su misión es más trascendental que lo reflejado de la letra de sus estatutos.  

Y así continúa la tragi-comedia que ha destruido el futuro de tantos muchachos.
Un ejemplo típico de este postulado es el artículo: “Co-morbilidad del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad y el Trastorno Bipolar de comienzos Temprano y Tardío” publicado en la revista Americana de Psiquiatría en marzo del año 2000.
Los investigadores que escribieron ese artículo están afiliados a una de las más prestigiosas universidades del mundo, pero, lamentablemente, estos destacados profesionales se unieron al coro que repite la misma “historia oficial” que jamás endosaré. Por ejemplo, el artículo concluye que un niño con TDAH tiene un riesgo mayor de desarrollar el trastorno bipolar si uno de los padres es bipolar.  Desde mi perspectiva, la pregunta debería formularse de esta forma:
¿Podría ser el caso que estos niños nunca tuvieron TDAH y que su problema fuese enfermedad bipolar, heredada de sus padres?

La obligación académica de seguir los dictámenes de la APA es la única explicación lógica para que investigadores con un nivel de prestigio que puede ser catalogado al más alto nivel escriban una inocentada como esta.  Fieles a la tradición, ellos continuaron endosando este viejo postulado:
“Los niños pre-púberes no pueden ser afectados por el trastorno bipolar”.

Para sorpresa de muchos esta creencia persiste a pesar de que la Academia Americana de Psiquiatría Infantil ha publicado múltiples reportes que contradicen el postulado mencionado en el párrafo anterior. Siguiendo la misma línea de pensamiento, cabe destacar que la prominente doctora Gabrielle Carlson (desde el año 1978) ha publicado varios artículos de  en los cuales se reconoce la aparición temprana del trastorno bipolar. Entre ellos resalta uno incluido en la revista oficial de la AACAP, en 1990.
Es precisamente esa negación a ver una realidad que nos golpea la cara lo que motiva este libro y a escribir algunos comentarios publicados por Psychiatric Times, la revista psiquiátrica de mayor circulación en USA.  Porque creo "haber visto una luz al otro lado del río," siento que es mi obligación moral divulgar las historias, dolorosas y reales, de vidas que han sido vapuleadas por los diagnósticos equivocados de estos profesionales que en el siglo 21 niegan la presencia del trastorno del espectro bipolar en niños.  Por eso seguí escribiendo y animando a mis amigos a que hagan lo mismo, aunque ello significase perderme una buena película o un día en la playa.

Por otro lado, debo aclarar que no albergo la fantasía de que el enamoramiento de estos doctores y psicólogos con el TDAH se acabará porque lean un artículo en la revista de la APA o Psychiatric Times.  Sin embargo, me parece razonable esperar que dos o tres psiquiatras (un porcentaje minúsculo de los que lean alguna de mis publicaciones) pudieran abrir sus mentes a la posibilidad de diagnosticar enfermedades del espectro bipolar en niños.  
Lo que estoy tratando de expresar en lenguaje corriente se podría resumir con palabras del poeta español Antonio Machado, quien lo dijo con la belleza y la fuerza de la poesía:
“Caminantes, no hay camino… se hace camino al andar.”

Por más de tres décadas he venerado este concepto y por ello tengo la convicción de que cada niño cuya vida es cambiada por un diagnóstico correcto, se convierte un “ladrillo” que agregamos a ese caminito que algún día se convertirá en una carretera principal.

En realidad, mi apreciación del descalabro que todavía colorea la psiquiatría infantil es un ejemplo palpable de “se hace camino al andar.” Corría el año 1997 cuando leí dos artículos que me ayudaron a descartar ciertos conceptos obsoletos, aprendidos durante mi entrenamiento como psiquiatra infantil. Estos son los títulos:
  1. “Manía Infantil: Existe y Coexiste con TDAH”
  2. “Realmente Existe una Forma de Manía Infantil?”

Estos escritos y lo que había aprendido a la sombra de periodistas como Juan José Ayuso, Miguel Hernández, Radhamés Gómez Pepín, Gregorio García Castro, Jacinto Gimbernard, Vinicio Hernández y otros veteranos, me ayudaron a entender que se debe mantener la mente abierta al considerar un diagnóstico infantil, en lugar de encasillarme en un postulado tan débil como “estas enfermedades no ocurren en niños.”
Los doctores Janet Wozniak y Joseph Biederman publicaron el primer artículo en “American Society of Clinical Psychopharmacology Progress Notes” (1995).  En la segunda publicación el doctor Biederman contestó la pregunta sobre la validez de manía infantil como diagnóstico en la sección “Forum” del folleto mensual “Harvard Mental Health Letter” (marzo 1997).

También tuve la suerte de leer un trabajo de investigación publicado en la revista de la Academia Norteamericana de Psiquiatría de Niños y Adolescentes (AACAP) titulado “Mania-like symptoms suggestive of childhood onset bipolar disorder in clinically referred children.” A sus autores, Wozniak, Biederman y Kiely también les agradezco el haberme ayudado a “ver esa luz al otro lado del río” parafraseando la canción/tema musical de la película “Diarios de Motocicleta.”

Este interés en las enfermedades mentales pediátricas había comenzado años antes, pero los artículos aquí mencionados me dieron las referencias que podía citar cuando era criticado por oponerme a que casi el 100% de pacientes en una clínica estuviesen afectados por la misma enfermedad: TDAH. Recuerdo que hasta el año 2000 entregaba copias de estas publicaciones a los padres de mis pacientes para que comprobaran que mi filosofía de tratamiento no era el sueño de un “Llanero Solitario” tratando de cambiar el sistema imperante, sino una idea compartida por profesionales reconocidos que trabajan para la universidad más famosa del mundo. En otras palabras, que ellos también pensaban que era posible diagnosticar el espectro bipolar en niños.  

Desde otra perspectiva, debemos asumir que los profesionales del campo de la salud mental saben que los hijos de padres bipolares pueden heredar la dificultad para controlar los estados de ánimo.  Lamentablemente, son muchos los que insisten en ignorar esta realidad y la olvidan al momento de formular un diagnóstico.  

Por razones difíciles de entender un número elevado de doctores dejan de lado la sabiduría popular que nos recuerdad: “hijo de gato caza ratón” y diagnostican a sus pacientes con lo que está de moda, el TDAH. Cada vez que veo este tipo de manejo diagnóstico pienso que esta posición equivale a pensar que el matrimonio entre un italiano y una japonesa puede producir un niño ruso. Más difícil de comprender es la frecuencia con que algunos colegas diagnostican TDAH en un niño que obtuvo calificaciones sobresalientes en sus primeros dos años de escuela.  Me parece así porque un estudiante con TDAH, no medicado, tiene que hacer un esfuerzo extraordinario para lograr su promoción al siguiente grado y sería muy extraño que obtenga calificaciones de excelencia.  Precisamente por esta razón, la APA requiere (DSM-IV) que para diagnosticar un niño con TDAH los síntomas deben ser evidentes antes de los 7 años. Más aún, aunque no existiese este requerimiento, el razonamiento lógico nos dice que si el TDAH es una enfermedad de origen genético sus síntomas deben manifestarse a edad temprana.
Por otro lado, entiendo que parte de la confusión diagnóstica surge de que los síntomas que más comunes del espectro bipolar (falta de atención, hablar en exceso, intranquilidad, impulsividad, etc.) también son atribuidos al TDAH. Sobre este particular, el excelente libro de texto de Psiquiatría editado por Kaplan y Sadock (página 1192) dice que el estado maníaco y el TDAH comparten varios “rasgos básicos.” Entre otros se incluyen los síntomas y signos ya mencionados. Sin embargo, los autores también reportan que en los niños con estado de ánimo elevado la irritabilidad es más común que la euforia. Mi experiencia con estos pacientes concuerda con lo expresado en el libro de Kaplan pero con una leve variación: En algunos casos menos severos es frecuente encontrar "payasería" en lugar de agresividad   

Cabe destacar que el simple hecho de que un libro de texto de psiquiatría con prestigio mundial, reconozca la existencia del espectro bipolar en niños representa un gran avance hacia la meta que motiva el esfuerzo de generar estas páginas.  Desafortunadamente, hasta Kaplan y Sadock también caen en la trampa de apoyar un concepto muy difundido pero dolorosamente equivocado: Los niños con TDAH “luego se tornan bipolares.” Es curioso que uno de mis pacientes comentara al respecto:
“Que graciosos son estos doctores…un gatito creció y se convirtió en león.”

Por favor, anímense y sigan leyendo este libro para que vean numerosos reportes de casos reales, así como estudios de investigación que muestran como una preocupante cantidad de niños tratados por TDAH nunca tuvieron esta enfermedad. Esos muchachos tenían un estado de ánimo anormal cuyo diagnóstico fue confundido, quizás, por la presencia de esos “síntomas comunes” que menciona el libro de Kaplan y Sadock.   Un caso ilustrativo de este desconcierto es la “Historia de Nikki” que aparece en el capítulo “Los Padres Tienen Mucho que Decir.”

Para cerrar este segmento quiero insistir en que el cambio en el modo de pensar sobre este enredo diagnóstico debe venir “desde arriba”, como una directriz oficial, que sea incluida en los currículos de los programas de entrenamiento en psiquiatría.  Mientras esperamos por la iniciativa de la APA, cada año una nueva generación de psiquiatras infantiles se graduará con la creencia equivocada de que el trastorno bipolar es poco frecuente en adolescentes, y nunca ocurre en niños, lo cual es cierto si aplicamos los criterios del DSM al pié de la letra. Sin embargo, si pensamos en el contexto del “espectro del trastorno bipolar” postulado por el doctor Hagop Akiskal, observaremos un panorama muy diferente. Basados en este concepto, más lógico y práctico que el marco rígido del DSM, encontraremos el espectro bipolar en niños desde la edad pre-escolar.  En el capítulo “Todo lo que Quiso Saber sobre TDAH” aparecen las historias de dos niños diagnosticados antes de los 3 años.

Pero usted no tiene que confiar ciegamente en lo que digo.  Por favor, busque información y lea lo que han publicado investigadores con la fama y el prestigio de Akiskal, Wosniak, Redfield-Jamison, Goodwin, Weller, Del Bello, Pumariega, Pies, Ghaemi, Geller, entre otros.  Entonces comprenderá porqué había que escribir este libro y denunciar el sendero peligroso, sembrado de minas, que muchos colegas transitan al momento de diagnosticar niños con problemas emocionales.

 
Dibujado por un niño de 8 años de edad, agresivo y paranoico que tomaba Ritalina.

*Uno de esos "expertos" escribió una crítica sobre la versión en inglés de este libro en la cual se burla de mi determinación a luchar por los intereses de los niños.  Para concluir su demostración de lealtad a los lineamientos de la APA dice que no recomendaría este libro a sus pacientes porque se aparta de las directrices trazadas por la APA. … ¡En otras palabras, porque cuestiona que el lobo “cuide” a las ovejas!

Dr. Barry Marshall:
Es un privilegio presentar la foto de este pionero científico. El “doctorcito desconocido” que te atrevió a retar una comunidad médica cerrada, es ahora un investigador respetado y admirado del Centro Médico Queen Elizabeth II en su nativa Australia.
   



Ronald Pies, M.D.:  
Uno de mis mentores y guía académico que merece una mención especial.  Dr. Pies es el Editor de la revista “Psychiatric Times” y es catedrático de las  Universidades Tufts, en Boston y de Nueva York, recinto de Syracuse. Como escritor prolífico, cada mes, sus artículos constituyen un estímulo para los psiquiatras que quieren estar al día con los últimos avances en este campo de la ciencia. El Dr. Pies ha publicados varios libros de psico-farmacología pero, además, es un excelente poeta y filósofo. Su obra "Everything has Two Handles" es considerada un manual para una vida productiva y feliz.

Dr. Andrés Pumariega:  
Otro destacado psiquiatra y pionero  en el esfuerzo para eliminar el diagnóstico de Trastorno de Conducta y un prestigioso académico. Un cubano que enorgullece la etnicidad hispana. El doctor Pumariega ha sido Jefe de Programas de entrenamiento en psiquiatría y actualmente es Director un prestigioso hospital psiquiátrico en Pensilvania, Estados Unidos de América.
        




Charles Huffine M.D.:
Un dedicado defensor de los derechos de los pacientes y psiquiatra de primera clase. Cuando era Presidente de la Asociación Americana de Psiquiatras Comunitarios, fue la primera voz que se atrevió a desafiar la validez del Trastorno de Conducta como diagnóstico real y útil.
          





Dr. S. Nassir Ghaemi:
Director del Programa de Investigación del Trastorno Bipolar y Profesor de Psiquiatría de la Universidad Tuffs, Boston. Con anterioridad ocupó posiciones similares en las universidades de Harvard y Emory. El doctor Ghaemi juega un rol principal en la difusión del concepto del espectro del trastorno bipolar y mantiene activo como uno de los más prolíficos investigadores psiquiátricos.



        
Finalmente, alguien que para muchos profesionales es “El Papa”, “El Padrino”, “El Maestro”.
Profesor Hagop S. Akiskal, M.D. es el Editor para América y Europa del Internacional Journal of Affective Disorders y Director del Internacional Mood Center de la Universidad de California, en San Diego.  El acuñó el término Espectro del Trastorno Bipolar y ha sido un faro científico para miles de psiquiatras alrededor del mundo.  Para mí es un privilegio de ser uno de ellos.




          
*Nombres muy conocidos y respetados, asociados con famosas universidades defienden a brazo partido las estadísticas irracionales sobre el TDAH. Curiosamente, algunos de ellos reciben sumas respetables como pago por charlas en las que promueven medicinas para el tratamiento de esta enfermedad. También en el 2008 los principales periódicos norteamericanos y noticieros de televisión trajeron la noticia de que un famoso investigador de la Universidad de Harvard ha recibido millones de dólares de las empresas productoras de medicamentos para el TDAH.  Existe la sospecha de que la alta prevalencia "encontrada" en múltiple investigaciones realizadas por profesionales de fama reconocida haya sido influencia por el dinero patrocinador de esos estudios.


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