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Obsesionados con el TDAH

“No es que estén ciegos, es que los ojos se les quedaron pegados por la indiferencia”
Carmen Liranzo, PsicoTerapeuta, Santiago, R.D.

Por Manuel Mota-Castillo, M.D.

Parecido al amor que el legendario Ray Charles sentía por la hermosa tierra a la cual le compuso la canción “Georgia in my Mind,” algunos profesionales de la salud mental no pueden pensar en otra cosa que no sea TDAH.  Es como una reacción automática…  la explicación instintiva para todos los comportamientos inusuales.  En realidad, automática es la palabra correcta en algunos centros donde utilizan el diagnóstico numérico 314.01 (del DSM-IV-TR) como el código automático (“default” es la palabra en Inglés) para incorporar       información demográfica   sobre   un nuevo paciente que ya tiene una cita con un psiquiatra para recibir un diagnóstico definitivo.    Aunque   usted   no lo crea, “en lo que al hacha va y viene," el paciente es etiquetado TDAH porque los programas computarizados requieren un diagnóstico para configurar un expediente médico.                                                                                       

Otros colegas prefieren acogerse al contenido de la frase “ojos que no ven corazón que no siente” y evitan enfrentarse al status quo, pero, afortunadamente, también están dispuestos a cambiar su perspectiva si cuentan con la bendición de los voceros del “Olimpo” siquiátrico. Desafortunadamente, existe otro grupo que se niega rotundamente a cambiar dirección equivocada.  Estos caen dentro de la afirmación popular: “No hay peor ciego que el que no quiere ver.”
Este segundo proverbio puede explicar la respuesta de un psiquiatra en Arizona después de ver la cinta de video que grabé para él en la cual se podía ver a un niño experimentando alucinaciones.  Este muchachito de cinco años era mi paciente y cuando la cinta fue entregada al doctor por la madre del paciente su interpretación de las imágenes que presentaban el comportamiento del niño fue:
“Eso es pura manipulación.”

El psiquiatra insistió en aumentar la dosis de Ritalina y se reafirmó en su diagnóstico (¿automático?) de TDAH, a pesar de la información detallada sobre serias enfermedades mentales del lado paterno que le dio la madre del paciente.  El niño fue admitido a ese hospital porque yo no formaba parte de la facultad médica de la única unidad siquiátrica que contrataba con su seguro de salud.  El psiquiatra del hospital retó el diagnostico original de trastorno bipolar y no valorizó el hecho de que la madre de su paciente estaba cubierta de moretones producidos por la violencia del niño, aunque ella no era una persona débil.  Y no podría serlo porque esta dama trabajaba como carcelera en un centro de detención para adultos del condado Maricopa.
Al momento del episodio alucinacinante, ese paciente estaba participando en una modalidad de tratamiento conocida como “hospitalización parcial,” que permite que el paciente vaya a su casa por las noches, después de pasar el día en el hospital.  Unas semanas después su agresión aumentó de nuevo y esta vez obtuve autorización de la compañía de seguros para admitir al niño al Charter Hospital donde pude darle tratamiento a la enfermedad que él realmente tenía: Trastorno Bipolar.
Cuando el niño se estabilizó la madre se mudó a otro estado donde viven sus padres buscando el apoyo de ellos. En su nueva ciudad esta madre excepcional encontró un psiquiatra que lo mantuvo con los medicamentos para estabilizar su estado de ánimo y el niño  ha permanecido con un estado de ánimo aceptable la mayor parte del tiempo.  Pero todavía nos queda la pregunta:
¿Estaba el psiquiatra de Arizona realmente “ciego” o era simplemente terco?

Probablemente nunca sepamos la respuesta a esa pregunta pero, en caso de que usted tenga dudas sobre la severidad de la enfermedad del niño de Arizona, aquí tiene una clave que le puede ayudar a formarse una opinión: la foto de este paciente se publicó en la primera página del prestigioso periódico “Arizona Republic” en dos ocasiones.  Las conocidas periodistas Susie Steckner y Jodie Snyder publicaron dos series de reportajes sobre el estado de los servicios de salud mental en Arizona y la historia de mi antiguo paciente fue parte sobresaliente de su trabajo periodístico por la madre del niño, determinada a luchar por la salud de su hijo, fue al periódico cuando la compañía aseguradora no quería aprobarle la hospitalización.  Los primeros artículos aparecieron en Mayo del 2000 y la segunda serie en Enero del 2001. Seis años después, es penoso observar que muy poco ha cambiado.  

Algunos doctores y terapistas parecen tener una obsesión con el diagnóstico de TDAH, pero la realidad es que la mayoría de los psiquiatras que conozco, que todavía diagnostican con TDAH a cada niño “hiperactivo” y utilizan estimulantes como Ritalina, Concerta o Adderall como tratamiento de primera línea, son profesionales bien calificados y comprometidos con el bienestar de sus pacientes.  Desafortunadamente, también es cierto que, en una minoría de los casos, la testarudez puede ser la explicación para seguir apegado a las viejas prácticas de diagnóstico.
Mi esperanza es que, más pronto que tarde, esos colegas presten atención al gran número de transformaciones radicales de niños diagnosticados anteriormente como “casos severos de TDAH con TDO” y que esto sea una señal de alerta con relación a cuan apartadas de la realidad las estadísticas actuales de TDAH están.

Finalmente, es importante recalcar que, si seguimos la recomendación del DSM-IV-TR para diagnosticar TDAH, (éste se debe considerar después que otras posibles causas de falta de atención e hiperactividad han sido eliminadas) quizás podríamos mejorar el pronóstico de nuestros pacientes.  Un segundo paso en esta dirección debe ser el mirar las anfetaminas como una segunda línea de tratamiento para TDAH, en vez del rol primario que estas drogas disfrutaban cuando eran la única opción para tratamiento. Ahora, con la disponibilidad de atomoxetina (Strattera) un medicamento que funciona durante todo el día y que no es una sustancia controlada como los estimulantes (Ritalina, Concerta, Adderall, Focalin, Metadate, Dexedrina, etc.), no existe una justificación válida para que los estimulantes sean la primera opción terapéutica.  Además, varios estudios científicos han demostrado que la atomoxetina y los estimulantes son igualmente efectivos para el tratamiento de TDAH.  A pesar de toda la evidencia, los que tienen “las voz cantante” todavía prefieren los estimulantes tipo anfetaminas.

No quiero entrar en un debate académico porque esta no es un proyecto científico para consumo de psiquiatras y psicólogos sino un esfuerzo con tinte periodístico que presenta los hechos simples y claros, para educar al público en el área de las enfermedades mentales pediátricas. Este propósito está representado en sencillas palabras en los versos del poeta español Gabriel Celaya cuando dice:

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas.
Cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y cálculo por eso con técnica que puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

La parte de este poema (“La Poesía es un Arma Cargada de Futuro”) que dice:    
Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
…resume la idea global de este libro.   

  
Como autor, admito mi apasionamiento con el tema del diagnóstico errado en psiquiatría, pero también doy la bienvenida a cualquier respuesta o crítica, que puede ser enviada a esta dirección cibernética:  adhdorbipolar@yahoo.com.

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