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Publicado para la red de Psichiatras hispanos.

Estimado profesor Saviñon:
Con todo el respeto que merece el prominente colega Luis Ramírez a quien reconocemos su prolífica labor investigativa, me atrevo a diferir de su minimización de las implicaciones del fracaso (catastrófico en mi opinión) del DSM-5. Creo que muchos pacientes van a sufrir las consecuencias de los errores cometidos por los que diseñaron este nuevo libro de diagnósticos. Por cierto, para los que piensen que son un planfletista, exagerado, un enemigo de la APA (American Psychiatric Association) o cualquier otro honor que me quieran otorgar, quiero recordarles que muchos se burlan al ver como los políticos tratan de cubrir sus errores con mentiras, pero nos olvidamos que nosotros, los doctores de cualquier especialidad, cubrimos con tierra nuestras equivocaciones.  A continuación, varios de las fallas del DSM-5:

  1. Permitir que se diagnostique TDAH en un niño con autismo.  ¿Cómo explicar esta atrocidad científica? ¿Cuándo hemos visto un paciente autista prestando atención?  Sabemos que no le mira la cara ni a la persona que lo alimenta, pero lo más peligroso no es el disparate diagnóstico, si no los resultados de medicar para TDAH a un paciente con autismo. Todos los autistas tienen obsesiones y estas se agravan (y se tornan agresivos) con las anfetaminas que utilizamos en el tratamiento del TDAH.
  2. La prepotencia, altanería (“porque puedo a pesar de todos los pedidos bien documentados) demostrada por el comité que trabajó en los trastornos de la niñez los cuales decidieron mantener el Trastorno Desafiante-Oposicional (TDO) y el trastorno de Conducta (TC) como diagnósticos reales. Las compañías que venden seguros de salud todavía están celebrando la permanencia de estas dos entelequias porque son las mismas que usan para negarse a pagar la hospitalización de un muchacho bipolar, ansioso, obsesivo o psicótico al que algún clínico había etiquetado con el TDO o el TC “porque estos diagnósticos no requieren tratamiento en hospital.”  Estos diagnósticos fatulos fueron creados en aquellos años de la dominación psico-analítica cuando ellos decían que los niños no tenían suficiente desarrollo del Ego para experimentar Depresión (Dios libre de mencionar en aquellos tiempos bipolaridad o esquizofrenia) -a pesar de que Kraepelin había descrito casos de adolescentes con Enfermedad Maníaco-Depresiva- y como había que darle una explicación a los padres de estos niños agresivos, malcriados o que no seguían reglas se inventaron el TDO, el TC y otros disparates. Sus explicaciones contradicen la teoría de Erikson y Piaget (que ellos apoyaban) pero aun así impusieron estas etiquetas sin fundamento clínico. Hay mucho que decir, pero sólo como un ejemplo (de centenares que he tratado) voy a mencionar que atendí en Arizona (1998) a dos hermanos diagnosticados con TDO y TDAH porque se negaban a ir a la escuela y hacer los que los maestros decían.  Diagnóstico verdadero: Ansiedad social que se agravó cuando un pediatra le recetó Ritalina.  Luego de unos meses tomando paroxetina dejaron de ser “oposicional” …Porque no se ponían nerviosos con gente alrededor.
  3. Para complacer a los profetas que enseñan en sus academias que el TDAH tiene una prevalencia de 6-8% (en Francia menos del 1%) y que ocurre “con alta frecuencia” en niños bipolares se inventaron una cosa a la que denominaron “Disruptive Mood Dysregulation Disorder” (296.99). Con este “gran avance de la ciencia” también tranquilizan a los que estan pegando el grito al cielo en protesta por esos “atorrantes” como yo que diagnostica niños de 5 años con trastorno bipolar. Ahora no hay problemas. Podemos olvidarnos de bipolaridad pero un pequeño detalle: el tratamiento del 296.99 es con estabilizadores del estado de ánimo que, por pura coincidencia, es lo que usamos para el niño bipolar. Estaría ocultando una gran verdad si no digo lo siguiente: Estos “defensores de los niños” no tienen ninguna preocupación cuando un neurólogo receta ácido valproico o lamotrigina para un niño de 1 año de edad que padece de convulsiones pero llaman a todos los santos del cielo si un psiquiatra prescribe una de estas medicina a un muchacho 4 años más viejo para controlar el estado de ánimo “porque, cómo se atreven a someter un cerebro en desarrollo a una medicina tan poderosa?” …Que despliegue de lógica y razonamiento científico!
  4. El Instituto Nacional de Salud Mental cuestiona la validez de diagnósticos (para uso en investigaciones científicas) cuando para atribuirle uno de ellos a un paciente se utiliza una lista de síntomas que pueden estar asociados con múltiples enfermedades. Miremos el caso de “falta de atención” (short attention span dice el DMS) que puede ser causada por:
  • Ansiedad social
  • Obsesivo-compulsivo
  • Trastorno de pánico
  • Alucinaciones
  • Memorias traumáticas
  • Pensamientos acelerados
  • Equivalente epiléptico de ausencia
  • Coeficiente de inteligencia bajo…Escala de Conners y
  • ¡Hambre!!!
  • Depresión… y la lista podría continuar.

Para concluir y no aburrirlos voy a dejar estas preguntas:
  • ¿Nunca se han cuestionado porque será que tantos de sus pacientes a los cuales hoy tratan por bipolaridad, ansiedad o esquizofrenia les dicen que cuando niños los diagnosticaron como TDAH?
  • Quien podría explicarme cómo fue que al hijo de una madre bipolar y un padre esquizofrénico, que nació en un hospital psiquiátrico, a los 5 años le dan un diagnóstico de TDAH (en Nueva York) porque rompía todo lo que encontraba y no podía dormir hasta muy pasada la media noche.  6 años después yo lo estuve en tratamiento hasta que cumplió 21 años y me tomó más de 3 años controlar las voces en su cerebro, de las cuales nadie hablo en todos los expedientes que la madre adoptiva conservaba.  ¿Les sorprendería si les digo que el diagnóstico equivocado le fue asignado por un Residente de uno de los hospitales de entrenamiento psiquiátrico más famosos del estado y que todos los doctores que continuaron su “tratamiento” asumieron que la madre adoptiva era la madre verdadera y nunca preguntaron por los padres biológicos?

…Y lo más alarmante de todo esto es que aun en lugares tan prestigiosos como la Universidad de Harvard aparece un “genio” que dice “en mi clínica yo tengo docenas de niños autista que califican para un diagnóstico de Ansiedad Social.”  Por favor, tomen un minuto para pensar en cuál es el problema básico en el autismo y miren los criterios para definir Ansiedad Social y les aseguro que pensaron que esto es un invento mío. Afortunadamente lo pueden escuchar si visitan el website www.massgeneral.org y en la ventanilla del "search” buscan “grand rounds psychiatry” y allí escarban hasta encontrar una cátedra dictada en el otoño del 2011 por el Director de la Clínica de Autismo del Massachussets General Hospital.

Finalmente, para deleite de los que gustan de la buena poesía y para los que piensan que estoy gritando en las montañas sin que nadie me escuche, les dejo estos versos de Leon Felipe:

Este tono, levantado del español es un defecto, viejo ya, de raza. Viejo e incurable. Es una enfermedad crónica.
Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre, para siempre porque tres veces, tres veces, tres veces tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.
La primera fue cuando descubrimos este Continente y fue necesario que gritásemos sin ninguna medida: ¡Tierra! ¡Tierra! ¡Tierra! Había que gritar esta palabra para que sonase más que el mar y llegase hasta los oídos de los hombres que se habían quedado en la otra orilla. Acabábamos de descubrir un mundo nuevo, un mundo de otras dimensiones al que cinco siglos más tarde, en el gran naufragio de Europa, tenía que agarrarse la esperanza del hombre. ¡Había que motivos para hablar alto! ¡Había motivos para gritar!
La segunda fue cuando salió por el mundo, grotesca- mente vestido, con una lanza rota y una visera de papel, aquel estrafalario fantasma de La Mancha, lanzando al viento desaforadamente esta palabra de luz olvidada por los hombres: ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia!… ¡También había motivos para gritar! ¡También había motivos para hablar alto!
El otro grito es más reciente. Yo también estuve en el coro. Aún tengo la voz parda de la ronquera. Fue el que dimos sobre la colina de Madrid, el año 1936, para prevenir a la majada, para soliviantar a los cabreros, para despertar al mundo: ¡Eh! ¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!…. ¡Que viene el lobo!
El que dijo Tierra y el que dijo Justicia es el mismo español que gritaba hace seis años nada más, desde la colina de Madrid, a los pastores: ¡Eh! ¡Que viene el lobo!
Nadie le oyó. Los viejos rabadanes del mundo que escriben la historia a su capricho, cerraron todos los postigos, se hicieron los sordos, se taparon los oídos con cemento y todavía ahora no hacen más que preguntarse como los pedantes: ¿pero por qué habla tan alto el español?
Sin embargo, el español no habla alto. Ya lo he dicho. Lo volveré a repetir: El español habla desde el nivel exacto del Hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porque escucha desde el fondo de un pozo.
México, 1942.

Manuel Mota Castillo,M.D.
Orlando, Florida  
Dic 03, 2013

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